CARRERAS INOLVIDABLES
MI PRIMERA CARRERA
por Walter Ariel "Taquito" Doria
¿Cómo olvidarla?... Si la llevo grabada a fuego en el corazón y por varios días, tatuada en la piel, o mejor dicho "raspada" en la piel.
Era mi segunda semana de entrenamiento y se ve que me notaba con ganas o a la distancia eso creía. No quiero mentir, no recuerdo mucho de esa primera semana, salvo que en mi primer entrenamiento, luego de la entrada en calor y ya yéndose a bañar -era todo nuevo para mì- Gilberto le dijo a Pigué cuando nos presentó: fijate en las estiradas, "parece" que es rápido. "Bueno", le contestó el Capitán. Caminábamos hacia la entrada a la recta principal -yo al lado de Pigué y de varios compañeros-, íbamos en grupos numerosos, pero el "nuestro", fue el primero en acomodarse en la "línea de partida". Gilberto le dijo eso al "flaco", porque le conté, que había corrido una carrera de velocidad en la calle y otros detalles, que refiero en "Así llegue a la UDA". Lo cierto es que nos preparamos para salir corriendo, pero el único que salió corriendo fui yo. El grito del Capitán y las risas de los presentes, me frenó en seco. No habìa que correr, como todos saben, sino había que trotar estirando el paso. Todo bien.
Otro recuerdo, creo que de ese primer día, fue que me mandó junto a José "Nene" Cassino a los 150 y le dijo "hacelo correr". El "Nene" pegó el grito de "Miori", a lo que respondió el "dale". Salimos corriendo y esta vez habré corrido 7 u 8 metros antes de darme vuelta y buscar a mi compañero de apronte. Me dijo "corré" y me hizo seña con la mano, entonces corrí fuerte... al fín.
A partir de allì, mi memoria salta una semana hasta el momento en que Gilberto me dijo: "Si andás bien, corres posta el sábado". Era una de las organizadas por Adolfo Olivera en el Parque Avellaneda, en donde entrenábamos. Era mediados de mayo de 1985. Una salvedad, cada vez que lo saludaba a Gilberto para despedirlo, me decía: "si querés venir mañana, es a las 19 horas". Y yo volvía cada día. Presumo que entrenaba con Pigué, el "negro" Horacio, "Chiqui", Yiyo... y digo ésto, porque -y salto al jueves antes de la carrera-, me mandó a correr un 300 metros con el entonces más rápido, Gustavo "Poroto" Mahory, -hincha de Huracán como el "Negro" y yo- y Rodolfo "Frentón" Giordano -compañero de aventuras de "Poroto"-, según después me entero, preguntó: ¿Quién es ese al que "Poroto" lleva flameando? Lo cierto es que llegamos juntos en ese 300 mitad y mitad a correr y... ¡Prueba superada! Listo para correr el fin de semana... pero no se dio porque llovió, hubo que esperar al otro sábado. El saludos con Miori era el habitual: "si querés..."
Tampoco se cómo transcurrió esa semana, pero llegó el sábado. Mi familia me acompañó, mis padres, mi hermano, mi abuela. Y mi papá se reencontró con Gilberto, con quienes jugaban juntos a la pelota en el parque Avellaneda, porque eran vecinos. El "mundo" es chico y Miori nos junta... Pasos previos: entrada en calor con recomendaciones, practicar el pase de posta y conseguirme clavos prestados, porque nunca había corrido con ellos.
Llegó el momento: tres postas, una era de San Lorenzo, la otra no recuerdo y la nuestra. Gustavo iba a rematar, yo tercero, Pigue creo que segundo y no recuerdo a nuestro primer hombre, tal vez el "Frentón". La posta se largaba a la salida del segundo codo a la recta principal, a la altura de los 100 en el andarivel uno. Fatídico. Recibí en tercer lugar cómodo -tanto de adelante como de atrás, ya que íbamos últimos y a una respetable diferencia del segundo-, pero no me importaba nada, yo tenía a dos corredores adelante y sólo los quería alcanzar, como un caballo de carrera... digamos como un caballo. Pasé la llegada al mango, el primer codo igual, veía las espaldas de mis rivales cada vez más grandes, pasada la mitad de la recta de atrás, me empecé a endurecer... y a ver las espaldas de mis rivales cada vez más chicas. Pasada la tortura del codo, estiré el brazo para entregarle la posta a Gustavo, que ya había comenzado a trotar para recibir en movimiento y...
... Y me faltaron pocos centímetros... completamente endurecido, caí hacia adelante como un peso muerto, quedando acostado boca abajo con el brazo estirado sosteniendo el testimonio, como si fuera el coyote del correcaminos, propiamente un dibujito animado... "Poroto" tuvo que darse vuelta, volver y arrancarme el testimonio de la mano. Terminamos últimos. A los que me preguntaban cómo estaba, por supuesto que les decía que bien... bien magullado, bien raspado y bien avergonzado, pero eso no lo decía, por supuesto. La inexperiencia, la primera vez en usar clavos -prestados por el "Loco" Rodolfo Fernández- y la llegada en el codo, se cobraron una víctima: yo. La despedida ya no fue "Si quéres", sino el "vení el lunes". Ese lunes fui ya con clavos propios y la disculpas fueron hacia mis compañeros. No importa, me dijo Yiyo, si no corrías no había otro. No era cierto, había varios para correr, lo dijo para que me sintiera bien. Para la segunda posta, me dijo: "largá vos, así no hacés cagadas". Fui obediente, entregué primero. Pero eso ya es otra historia.