ASI LLEGUE A LA UDA

IBA A COMPRAR RAVIOLES…

Y ESE MEDIODIA NO COMI…

por Walter Ariel Doria

                Sabía que corría rápido, pero en comparación con los amigos con los que jugaba al fútbol o al tenis. Puestos a correr siempre llegaba antes, aprovechando la velocidad… pero como dije, “siempre” en comparación con otros jugadores de fin de semana. Y me rondaba el querer compararme con los que corrían de verdad, pero nunca fui a una pista a probarme cara a cara con los atletas. Pero como dicen, si Mahoma no va a la montaña… En realidad no se qué terminó pasando con Mahoma, lo cierto es que en mi caso, no fui a la pista y no es una locura decir que la pista vino hasta la puerta de mi casa, o más exactamente hasta la esquina.

 

           Un domingo de mayo de 1985, un comité del radicalismo ubicado en la avenida Juan Bautista Alberdi al 4500 aproximadamente, justo debajo de la autopista, organizó una jornada de atletismo a las puertas de su local partidario, con pruebas de velocidad por la mañana y de fondo por la tarde y bien promocionadas por las calles del barrio. Quiso el destino que a mi mamá se le ocurriese cocinar ravioles ese mediodía, entonces salimos con mi hermano a comprarlos a un almacén, que estaba a un par de cuadras. Allí vimos que hasta la esquina de mi casa de soltero, la intersección de las avenidas Juan Bautista Alberdi y Bruix, llegaba el corte de la calle, con algunos atletas trotando. Todo muy bien, hicimos una cuadra por Bruix hasta Bragado y luego otra por ésta hasta Homero. Ya comprando, veo al hermanito de un amigo andando en bicicleta, entonces se me ocurrió pedirle que se corriera hasta donde estaban los organizadores y le preguntara si había 100 metros mayores y si me podía anotar. El detalle es que presumía que a los 23 años ya era mayor y me rondaba eso de correr rápido. Pero digamos que fue como cerrar los ojos, tirar una piedra al aire y acertarle en la cabeza a alguno, porque el nene, Gervasio, llegó apurado y me dijo: “si, largan en 10 minutos y te podés anotar”.  En mi prehistoria, en San Clemente cuando tenía 5 años, había corrido carreras en la playa, organizadas por los bañeros, ganando varias. “Voy”, le dije a mi hermano. “Vamos”, me contestó.

        La “entrada en calor” -por lo apurado- la hice mientras iba a casa a ponerme un pantalón corto y de allí a la largada, justo a tiempo. Eramos diez, seis que corrían en la ASA -Asociación Sanisidrense de Atletismo-, según me dijeron después y cuatro “entusiastas” colados y clasificaban tres por serie. Todo prolijito, dos series, tres de la ASA en cada una y dos colados para completar. Corrí en la segunda serie y salí tercero, consiguiendo desplazar a uno de los que corrían. Fue sorpresa, según lo pude ver. Al toque corrimos la final y salí quinto, desplazando a otro, cerquita del cuarto y del tercero. Muy bueno para mí. Me preguntaban en dónde corría y les dije la verdad, es decir en ningún lado. Pero casi sin darme cuenta, me había picado el bichito del atletismo… y me agarró sin vacunarme…

         El lunes por la mañana, en caliente, fui a la pista del Parque Avellaneda. “Muy vivo”, presumí que si había una pista, tenía que haber atletas y entrenadores. Me dijeron que un profesor municipal, Gilberto Miori era el que se encargaba de quienes así lo solicitaban. Fui al otro día en el horario en que me dijeron que estaba, le conté que había corrido y si bien fue cordial, no me recibió como a un Carl Lewis, obvio. Me dijo que cuando quiera vaya a las 19 al podio, que era el lugar de reunión del equipo, que después supe que era la UDA. Fui al otro día y allí comenzó la historia, que tuvo una primera etapa que duró hasta 1997, un stand by de muchos años, cuatro meses de entrenamiento hace cuatro años y de nuevo stand by… sabrá Dios hasta cuando, porque lo que es yo, no creo que mi etapa de atleta esté definitivamente terminada.

       Me olvidaba, a lo largo de 12 años me medí con los atletas de verdad… y me fue bastante bien. Gané muchos premios y el mayor de ellos fue una chica, hermana de un compañero de equipo, con la cual estuvimos casi 6 años de novios y ya llevamos 26 años de casados.

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       MI ADOLESCENCIA EN LA UDA

Por LETICIA ALDAX

 

    Recordar la transición de la infancia a la adolescencia es para mí, recordar a la UDA ¡Infinitos momentos vividos con gente querida!

 

   Allá por 1977, mis padres comenzaron a hacer actividad física como una manera de comenzar a llevar un modo de vida saludable y a fin de contrarrestar tantas horas de estrés y trabajo en la pizzería. Fue entonces, que también nos llevaron a mi hermana y a mí, a hacer gimnasia deportiva al Parque Avellaneda. Y allí sucedió el encuentro ˗uno de esos encuentros con personas mágicas que suceden en nuestras vidas y que cambian nuestros cursos˗, eso fue para nosotros, Jorge Ulián, papá de Adriana, que con su bondad y sociabilidad, nos contó de la existencia de un profesor en el Parque Chacabuco, que entrenaba a chicos de nuestra edad; y quienes conocieron a Ulián, podrán imaginar el entusiasmo con el cual enseguida nos estimuló a iniciar el entrenamiento con Gilberto Miori. Fue así que ingresé a la UDA...

 

   Luego vinieron años de entrenamiento en la enorme pista del Chacabuco, cuando era de tierra renegrida y estaba rodeada de esos enormes escalones que eran las gradas... No se realmente, cuán enorme serían estos espacios, pero mi recuerdo así los guarda; así como se magnifican las alturas y las distancias en los recuerdos de la infancia, que al revisitarlos luego, no lo son tanto...Pero, no; creo que era realmente grande.

 

    Esos años de pasaje de la infancia a la adultez joven, están allí, en "el Chacabuco". Ir "al parque" desde las 18 horas, cada día, no era sólo el entrenamiento, sino era el compartir con amigos, divertirnos y reírnos hasta que nos dolía la panza. Adriana Ulián, el “Tano” Daniel Angelucci, Andrea y Sergio Fernández, Inés Villar, Fabián Oteiza, Walter Demaría, "Pocho" y "Yiyo" Nájera, "Patán", "Negracho" Jorge, Viviana y Graciela Laserna, Gustavito Majori, Marcelita y Miriam Reganzanni, Roberto Lezcano, los Laino, "Gully", Manfredi, los hermanitos Fuente...También estaban las hermanas mayores a quienes mirábamos como se mira en esa etapa de la vida, a quienes apenas nos llevan un par de años, con admiración y respeto: la Gallega Betty Vázquez, Iris Fernández, Olguita Caccaviello y Liliana Angelucci. Y seguramente en este momento, caigo en la injusticia del olvido de algunos otros nombres, pero lo cierto es que están y aparecen en esos flashes de recuerdos que son al crecer, la infancia o la adolescencia...

 

    Vuelvo a vivir el miedo cuando Miori decía "hay apronte, tira.. tal", la responsabilidad del grito "Mioooriiii....HOP", que todos hacíamos con la voz más fuerte que podíamos...

   

      Era entrenar con amigos en la semana y torneos cada finde, donde se mezclaban los nervios, las ganas y también, la diversión de seguir compartiendo con amigos.

 

    Hubo viajes a pueblos del interior, como Navarro y Baradero, en micros "escolares" ˗de dudosa seguridad, visto a la distancia˗, donde nos recibían con total camaradería y nos hacían asados en clubes de pueblo, que ¡también recuerdo enormes!.

 

   Eran los veranos en la pileta del Avellaneda ˗donde aprendí a jugar al truco˗ donde las horas pasaban demasiado rápido; tan rápido que teníamos que salir "rajando" a cambiarnos para tomar el colectivo 7 y llegar a tiempo para comenzar el entrenamiento... Lo cual no siempre sucedía y entonces, recibíamos el reto colectivo de Gilberto y a veces, la penitencia de algún apronte extra... ˗Cosa que también sucedía a los muchachos que transgredieran la orden de ¡no jugar al fútbol!˗

 

    Además de los encuentros netamente deportivos, estaban también los momentos de salidas, "asaltos", el "picnic de los viernes" en las gradas del codo de los 300, solo de chicas. Los comienzos de las salidas adolescentes, el recital de Queen en el '81, las fiestas de 15 de las chicas de la UDA.

 

   Era la época de ilusiones y proyectos, inicios en el amor y también, las primeras desilusiones... Pero no estábamos solos transitando los descubrimientos, las dudas, las alegrías y el dolor del crecimiento… Eramos un grupo, algunos más cerca, otros más lejos, conforme a gustos, edades o afinidad, pero un grupo. Y eso es lo que acompaña. Lo que acoge y lo que queda.

 

    Con eso me quedo, eso es lo que guardo de mi paso por la UDA. Y eso es lo que siento cada vez que nos reencontramos en un nuevo asado, una salida, una caminata o un trote liviano. El tiempo no diluyó esos vínculos entrañables. Es encontrarnos y sentir que el tiempo no ha pasado, porque no ha pasado el cariño, porque está vivo cada uno. Y es agradecimiento lo que siento en cada reencuentro, porque me reencuentro con esos niños que fuimos y me encuentro con cada uno de los adultos  que somos, cada uno en su despliegue, con su riqueza. Y nos re-conocemos en lo que fuimos, y nos volvemos a conocer enriquecidos por los caminos de la vida que cada uno emprendió.   

                              ¡Gracias UDA!
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ASI LLEGUE A LA UDA

por INES VILLAR 

       Comencé el atletismo con apenas 9 años, gracias a mi papa que me llevaba 3 veces por semana a la pista del parque avellaneda a trotar. Siempre me veia la familia Laserna que trotaba sola, hasta que un dia el papá me invito a correr con las hijas Graciela y Viviana y como vió que me gustaba tanto me contoó que en el parque chacabuco había un grupo llamado “UDA” y el entrenador era Gilberto Miori.

        Asi fue como el 26/5/1978 luego de las Fiestas Mayas comence a entrenar en este equipo.

         Siempre recuerdo mi infancia con alegria, todos los dias esperaba la hora para ir a entrenar. Me encantaba correr y estar con el grupo, yo era una de las mas chicas. Son muchos para nombrar ya que he visto mucha gente pasar por la UDA.

     En esa epoca lo tomaba como un juego. Luego en la adolescencia ya entrenaba con responsabilidad y aprendi lo que eran las marcas y bajar mi propio tiempo. 

      He postergado salidas con mis compañeras de secundario porque tenía que competir o levantarme temprano para ir a entrenar al dia siguiente, pero lo hacía con pasión.

         Los recuerdos inolvidables son los entrenamientos en Ezeiza, los aprontes, la San Gilberto los 25 de diciembre y 1 de enero de cada año, los asados, las salidas en micro a diferentes pueblos y especialmente las vacaciones en Villa de Las Rosas, Cordoba. Los primeros viajes me llevo Daniel Gómez, a quien llamábamos "Aguirre" ó “el pa” . A la mañana entrenabamos diferentes circuitos entre ellos la subida a Los Molles.  Luego nos íbamos turnando para lavar los platos y ayudar en la casa.   A la tarde íbamos al balneario y de allí me quedaron lindas anecdotas con las chicas y el grupo en general. 

 

   “Todo esto es gracias a mi entrenador, Gilberto Miori a quien llevo en mi corazon”. 

     Gilberto me enseño la perseverancia, la responsabilidad y a no bajar los brazos no solo en el deporte sino en todos los aspectos de la vida.  El logró esta unión en la “UDA” y es por eso que a pesar de los años que pasaron y los distintos caminos que tanto a mis compañeros como a mí nos toco vivir, seguimos viéndonos y compartiendo lindos momentos juntos, recordando con cariño las hermosas anecdotas vividas.

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